Hay ventanas para mirar afuera y las hay para mirar hacia dentro. Hay ventanas que simplemente abrimos y nos asomamos a ellas para contemplar un mundo exterior a veces abrumador. A través de ellas, vemos el paisaje con sus gentes desplazándose frenéticamente, a lo largo de una vida que cada vez deja menos tiempo para la instrospección.
Hay ventanas en cambio que nos muestran lo mas intrínseco de nuestra alma. Son nuestros ojos. Los ojos muestran nuestro yo más profundo, a través de ellos el engaño no es posible. Podemos ver frialdad en una persona que nos ofrece cordialmente la mano, sarcasmo en una persona que sonrie dulcemente o odio en aquel compañero que nos felicita alegremente por nuestro ascenso. Pueden mostrarnos la tristeza en la persona más alegre, la cobardía en aquel que aparenta un enorme coraje o la soledad en la persona más acompañada.
Los ojos no mienten. Son nuestras ventanas hacia el interior. Aquellas ventanas que, por más que intentemos cerrarlas, permanecen abiertas. Listas para mostrar lo mejor de nosotros...y lo peor.
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